Trump impulsa la idea de vender F-35 a Arabia Saudita y genera preocupación en Israel y Washington
La posible llegada del F-35 a Arabia Saudita altera el equilibrio militar regional y tensiona la relación entre Washington, Jerusalén y Riad.
- Donald Trump anunció su intención de autorizar la venta de cazas F-35A a Arabia Saudita, lo que abre un frente político y estratégico en Medio Oriente.
- La venta podría alterar el equilibrio militar regional y tensionar las relaciones entre Washington, Jerusalén y Riad, especialmente respecto a la disuasión frente a Irán.
- El proceso es complejo y largo: requiere aprobación institucional en EE. UU. (Congreso, certificaciones tecnológicas, controles de transferencia) y enfrentará vetos y requisitos de ciberseguridad.
- Israel expresó fuertes reservas: condiciona su aceptación a pasos concretos de normalización diplomática y exige límites operativos y tecnológicos para preservar su ventaja militar cualitativa.
- Arabia Saudita busca en el F-35 reforzar su disuasión contra Irán y consolidar su rol en una eventual coalición de defensa regional respaldada por Estados Unidos.
- Preocupaciones sobre la penetración china en infraestructura saudí y lecciones del fallo en la venta a Emiratos (2021) complican la aprobación.
- Incluso en el mejor escenario, la producción, entrega, integración logística y entrenamiento harían que Arabia Saudita no opere plenamente una flota de F-35 antes de la próxima década.
- La iniciativa obliga a Israel a intensificar negociaciones con EE. UU., presiona al Congreso a posicionarse y envía un mensaje a Irán sobre la alianza Washington-Riad.
- Para la industria estadounidense sería uno de los paquetes de defensa más sensibles de la última década.
Las declaraciones de Donald Trump confirmando su intención de autorizar la venta de F-35A Lightning II a Arabia Saudita abren un frente político y estratégico de primera magnitud en Medio Oriente. El anuncio coincide con la visita del príncipe heredero Mohammed bin Salman a Washington y con las negociaciones finales de un acuerdo de seguridad bilateral que, según fuentes estadounidenses, incluiría compromisos de defensa mutua y cooperación nuclear civil.
Aunque el presidente norteamericano afirmó que Riad “ha sido un gran aliado” y que “quiere comprar” los cazas, el paso no es menor: se trata del sistema de armas (exportable) más sensible del arsenal estadounidense, con profundas implicancias para la postura de Israel, el cálculo de disuasión hacia Irán y la arquitectura de seguridad regional que Washington intenta reconstruir desde el inicio de la guerra en Gaza.
Un anuncio político contundente, pero con un camino complejo por delante
Trump presentó la decisión como una aprobación política inmediata, pero el proceso real para concretar un eventual “Saudi F-35 Program” será largo y está sujeto a múltiples vetos institucionales. El propio Congreso podría frenar la notificación formal, y futuras administraciones tendrían margen para suspender o rediseñar el paquete. Lo mismo aplica a los estrictos requerimientos de certificación tecnológica, ciberseguridad y controles de transferencia que caracterizan a este programa desde su génesis.
- ¿Qué anunció Donald Trump respecto al F-35?
Anunció su intención de autorizar la venta de cazas F-35A Lightning II a Arabia Saudita.
- ¿Por qué preocupa la venta a Israel y a Estados Unidos?
Porque podría erosionar la ventaja militar cualitativa israelí, alterar la disuasión frente a Irán y generar tensiones en la arquitectura de seguridad regional.
- ¿Qué obstáculos enfrentaría la venta del F-35 a Arabia Saudita?
Requiere aprobación del Congreso, certificaciones tecnológicas, controles de transferencia, superar preocupaciones sobre penetración china en infraestructura saudí y podría ser revisada por futuras administraciones.
- ¿Cuánto tiempo tardaría Arabia Saudita en operar plenamente los F-35?
Incluso si avanza el proceso, la producción, entrega, integración logística y formación de pilotos llevaría años; probablemente no antes de la próxima década.
A esto se suma un obstáculo conocido: la preocupación del Pentágono y de la DIA por la penetración china en infraestructura tecnológica saudí. Ese fue el factor determinante que congeló el acuerdo con Emiratos Árabes Unidos en 2021.
Incluso si todas las instancias políticas avanzaran sin fricciones, la producción, entrega, integración logística y formación de pilotos llevaría años. En cualquier escenario factible, Arabia Saudita no podría operar plenamente una flota de F-35 antes de la próxima década.
Israel marca sus líneas rojas
La reacción más sensible es, como era previsible, la israelí. No se trata de un rechazo frontal: desde Jerusalén han dejado en claro que la operación podría ser aceptable bajo determinadas condiciones, principalmente vinculadas a avances formales en la normalización diplomática entre Israel y Arabia Saudita. Sin ese componente, los funcionarios israelíes advierten que el movimiento sería “contraproducente”.
Los pedidos son precisos: limitar la presencia de los F-35 saudíes en la región occidental del país, establecer restricciones sobre ciertos sensores y misiles, y asegurar que no se erosione la ventaja militar cualitativa israelí, un principio convertido en ley en Estados Unidos desde hace décadas.
Mandatarios israelíes enfatizan, además, que la cooperación operativa basada en datos de combate y doctrina sigue siendo una barrera tecnológica natural: el nivel de integración entre Israel y EE. UU. en el ecosistema F-35 es difícilmente replicable para cualquier otro actor regional.
Riad busca seguridad en el tablero estratégico
Para Arabia Saudita, el interés por el F-35 encaja con una agenda más amplia. Tras los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes a comienzos de año —operación en la que Washington empleó B-2 y GBU-57 MOP con apoyo saudí, según confirmó Trump— Riad considera que el entorno amenaza-respuesta en la región ha cambiado.
Un caza furtivo de quinta generación no solo fortalecería su capacidad de disuasión directa ante Teherán, sino que consolidaría su papel en una eventual coalición de defensa regional impulsada por Washington. El paquete de cooperación nuclear civil mencionado por medios europeos forma parte del mismo marco estratégico.
El anuncio llega en un momento en que la administración Trump intenta recomponer influencia en Medio Oriente sin depender del avance inmediato del proceso de normalización árabe-israelí. En la práctica, el presidente desacopló —al menos esta semana— la agenda bilateral con Arabia Saudita de la cuestión israelí-palestina.
¿Un nuevo capítulo del F-35 en Medio Oriente?
Si se concreta, sería la tercera vez que Estados Unidos autoriza el F-35 para un país árabe. El caso de Emiratos Árabes Unidos fracasó; Arabia Saudita buscará evitar ese destino. Pero el entorno tecnológico, la supervisión política y las tensiones estratégicas son aún más exigentes que entonces.
La decisión ya está generando efectos: empuja a Israel a intensificar negociaciones con la Casa Blanca, obliga al Congreso a tomar posición y envía un mensaje directo a Irán sobre la profundidad de la alianza entre Washington y Riad.
Para la industria estadounidense, se trataría de uno de los paquetes de defensa más sensibles de la última década. Para la región, un punto potencial de inflexión en el balance militar.